1 Xabier Makazaga “Terrorismo de estado franco-español”

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Xabier Makazaga. Escritor

(Zarautz, 1958). Refugiado en Iparralde en 1981, pasóa la clandestinidad y ha sufrido dos etapas de cárcel. Actualmente vive en Bruselas. Es especialista en los temas de tortura y terrorismo de Estado. Ha publicado numerosos artículos y tres libros: Torturadores & CIA, La red: el tormento en la España constitucional y Manual del torturador español.

Makazaga analiza en su artículo las implicaciones de los estados español y francés en las diferentes etapa de guerra sucia desde 1975 hasta 1986. El autor distingue tres etapas; la primera desde 1975 hasta 1976, la segunda desde 1978 hasta 1981 y la tercera desde 1983 hasta 1986. Según Makazaga, cada etapa sirviópara perfeccionar la siguiente, aunque en todas ellas se cometieron chapuzas.

Extractos del artículo “Terrorismo de estado franco-español”del libro “Pepe Rei aurrera!”

“La primera acción realizada en la tercera etapa de la Guerra Sucia en Iparralde fue el secuestro en Baiona, el 16 de octubre de 1983, de los refugiados tolosarras Joxi Lasa y Joxean Zabala. Ambos fueron después torturados de forma atroz en un edificio oficial de Donostia, La Cumbre, y tras arrancarles todo lo que sabían e incluso imaginaban, fueron asesinados y cubiertos con cal viva, para hacerlos desaparecer. Sin duda, algo bien similar a lo que debióde sucederles a Pertur y Naparra en las precedentes etapas.Probablemente, fue también lo que sucedióen el caso de Jean-Louis Larre Popo, un militante de Iparretarrak desaparecido después de que miembros de esa organización se enfrentaran en las Landas con dos gendarmes, el 7 de agosto de 1983. Uno de los gendarmes resultómuerto, Popo escapóa pie, los gendarmes cercaron la zona… y el militante vasco desapareciópara siempre”.

“Amedo relata que estaban preparando el secuestro de Larretxea en Hendaia, armados y distribuidos en dos grupos. Argüelles se encontraba en un callejón con dos de sus hombres y se vieron sorprendidos por la Policía francesa que los detuvo. El grupo de Amedo se apercibióde que sus colegas habían sido detenidos y éste precisa en su libro que: “todos íbamos armados. Además, Argüelles portaba un fuerte analgésico que yo le había facilitado para dormir al etarra. Penséque lo mejor que podía hacer era comunicárselo, desde Irún, a Sancristóbal, para que éste hablase con el ministro Barrionuevo y lo arreglaran a nivel político, como asíocurrió. Dos horas después, la policía francesa ponía en la línea fronteriza a Argüelles y a sus dos acompañantes”.

“Los jueces franceses tampoco tomaron medida alguna cuando trascendióque otros atentados cometidos en Iparralde en esa primera etapa de Guerra Sucia se cometieron usando unas metralletas Ingram compradas por la Policía española en Estados Unidos. Unas armas que también fueron utilizadas aquellos años para cometer otros atentados terroristas bien sonados.Por ejemplo, para matar al juez antiterrorista italiano Vittorio Occorsio (…) Los policías españoles no se dieron cuenta que las Ingram M-10 llevan una doble numeración, en el exterior del cañón y en el interior del mismo. Por eso, los responsables del Ministerio del Interior y los de los servicios de Información de la Presidencia nunca entendieron cómo en Italia podían haber averiguado la procedencia de la metralleta utilizada para asesinar al juez Occorsio. No lo comprendían porque ellos habían borrado la numeración del cañón. Borraron la numeración inscrita en el exterior del cañón, pero no la inscrita en su interior, cuya existencia desconocían y fue gracias a esa última que los jueces italianos dieron con la procedencia del arma. y cuando, mediante comisiones rogatorias, preguntaron al respecto a la Policía y autoridades españolas, jamás recibieron respuesta alguna”.

“Enrique Rodríguez Galindo se dedicaba a grabar a los policías franceses que colaboraban con él. Y no sólo a ellos, porque, según denuncióel diario El Mundo en un largo artículo con datos bien precisos al respecto, grabóasimismo a todos los altos cargos de Interior que pasaron por el cuartel de Intxaurrondo cuando él lo dirigía. Unas grabaciones que, según el diario, eran la clave de su ascenso al generalato: “muchos han considerado que ese nombramiento era totalmente inexplicable. Sabiendo lo de las cintas que tiene en su poder, quizáel nombramiento les extrañe ya menos”.

En todo caso, dos meses después de aquella reunión que Vera y Barrionuevo mantuvieron en París con el ministro del Interior francés, a principios de octubre de 1987, llególa culminación de la política de entregas con la mayor operación policial conocida en Europa contra un colectivo de exiliados desde la II Guerra Mundial. En pocos días, la Policía francesa detuvo a 120 refugiados vascos y familiares en medio de escenas de violencia inusitada. La mitad fueron entregadas a los torturadores españoles, y otra quincena deportadas a Argelia y Venezuela. El pacto secreto franco-español de finales de 1983 seguía adelante.

“Otro de los pilares de la estrategia española fue la comprade armas y tecnología francesa. El ejército español necesitaba entonces carros de combate y los expertos militares se inclinaban por los americanos o ale- manes, pero decidieron comprar los franceses. Lo hicieron, porque, como bien explicóun jefe de carros español, si los tanques franceses podían terminar con ETA, “harían algo fuera del alcance de cualquier otro tanque del mundo”. Un argumento que siguiósiendo válido durante muchos años, como lo prueban las sucesivas compras realizadas por el Estado es- pañol de armas y tecnología francesas”.

“El recordado periodista Javier Ortiz describióasía Felipe González: “me pasma su desbordante, su infinita, su feraz – y feroz- producción de mentiras (…) y tanto miente que se ha vuelto adicto a la mentira, y miente incluso cuando no le hace falta para nada, puede que por el puro placer de mentir,o tal vez por irresistible y patológica compulsión falsaria”. Es un mitómano, sí, y entre tantas y tantas mentiras suelta a veces, o se le escapan, algunas medias verdades como la de que no aprobóque se volara la cúpula de ETA, cuando pudo haber decidido que asíse hiciera. Una media verdad que dejóaún más en evidencia que fue él quien dirigióla Guerra Suciade los GAL”.

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